VICTORIA GONZALEZ

La detective Victoria González es la protagonista de “Las niñas perdidas”(2011) de la escritora zaragozana Cristina Fallarás.

Victoria González, Vicky, ha sido periodista, ahora es detective, tiene alquilado un destartalado local en pleno barrio del Raval barcelonés, en la calle León esquina con la calle Paloma. Divorciada dos veces, ahora está embarazada, no sabemos de quién, pero ni falta que hace. Su mayor vicio en la actualidad parece ser tomar Alka-Seltzer en cualquier momento del día.

Otros personajes: Jesús, ayudante de Victoria, gitano al que le gusta la cerveza negra, ex yonqui, ex taleguero, ex conquistador, alcohólico y resabiado; Genaro, una especie de sicario, asesino a sueldo, de unos cuarenta años, flaco y con una cicatriz que le recorre la cara desde el párpado derecho hasta la boca pasando por la nariz, el parpadeo constante y las grandes ojeras violetas sobre los pómulos indicaban cocaína o metanfetamina. A pesar de todo, a veces parece tener su corazoncito; la mujer pelirroja, Adela Sánchez de Andrade, que deambula por la sala de espera del pabellón de Nuestra Señora de Montserrat del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau; el Conseguidor, antes el Santo, que como su apodo indica podía conseguir todo lo que le pidieras(¡); el Croata, macarra, chulo putas, no es croata pero le llaman así porque estuvo de casco azul de la ONU en la guerra de la antigua Yugoslavia y volvió con una denuncia por violación de menores, que quedó en nada. No obstante, fue expulsado de las Fuerzas Armadas españolas; el Alemán, mendigo, que convive con perros sarnosos, es colega de Genaro; el comisario Toni Estella, al que le gustan los cubatas poco cargaditos; y la madre de nuestra Vicky, una mujer a la que le había fallado todo, el marido, los amantes, el partido, la revolución, la URSS y el Frente Sandinista.

“Las niñas perdidas” me ha parecido una novela sórdida, tremendamente sórdida, narrada en un ambiente y con una fauna de personajes de lo más cutre, apenas hay un resquicio para la alegría, la risa o la esperanza en toda la historia. Me ha gustado cómo está escrita, con capítulos cortos, algunos muy impactantes, pero eso sí, me ha dejado un sabor amargo, muy amargo.

Cristina Fallarás nació en Zaragoza en el año 1968. En la actualidad vive en Barcelona. Estudió periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha trabajado en la Cadena Ser, El Mundo, El Periódico de Catalunya, RNE o el diario ADN entre otros. También ha colaborado en programas de televisión de Antena 3 y Cuatro. Dirige la web “Sigue leyendo”. Con esta novela, “Las niñas perdidas”, ha ganado el Premi L´H Confidencial 2011 Premio Internacional de Novela Negra. Con otra novela anterior “Así murió el poeta Guadalupe” fue finalista del Premio Dashiell Hammet de Novela Negra 2010.

Anuncios