Hasta la cima de la montaña

Paul Hjelm, Kerstin Holm, Jan-Olov Hultin, Jorge Chavez, Aarto Söderstedt, Viggo Norlander y Gunnar Nyberg, el llamado Grupo A, son los principales protagonistas de la novela “Hasta la cima de la montaña” (2000), del autor sueco Arne Dahl. Ver anterior entrada de este mismo blog.

Paul Hjelm está casado con Cilla y tiene dos hijos. A Cilla le han hecho jefa de enfermeras en el departamento de rehabilitación del hospital de Huddinge. Sus hijos son Danne, que tiene diecisiete años y quiere ser policía; y Tova, que tiene quince y está insoportable. Paul suele vestir una desgastada americana de lino. Se come un bocadillo de mozzarella y jamón de Parma. Ha leído a Rilke “Elegías de Duino”. Le gusta escuchar música y toca el piano, por ejemplo “Misterioso” de Monk.

Kerstin Holm tiene alrededor de 35 años, masca snus. Viste cazadora de cuero negro y camiseta del mismo color. De más joven cantaba en el coro de la iglesia de Haga. Y, según Heljm, ese rostro brillante, que envejecía mejor que los vinos de Borgoña y en el que cualquier insinuación de una arruga sólo contribuía a embellecerlo.

Jan Olov Hultin, excomisario del “Grupo A”, que tiene que volver a serlo, pensionista, con una casa en el campo, con su huerta, sano como una manzana excepto por la incontinencia.

Jorge Chavez, de origen chileno, se había llevado muy bien con Hjelm, conduce un BMW, excelente policía. Y que se enamora mucho.

Aarto Söderstedt conduce un viejo Volvo de la poli. Tiene cinco hijos. Es finés de nacimiento. Muy meticuloso en las investigaciones.

Viggo Norlander, ojeroso, las moradas bolsas bajo los ojos combinaban de maravilla con los estigmas rosas de sus manos. Se suele dormir en las reuniones, incluso antes de sentarse. Extraordinario investigador.

Gunnar Nyberg es “el policía más grande de Suecia”. También se le conoce como “el osito de peluche”. Pesa 146 kg., separado, tiene una hija, Tania, y un hijo Tommy.

Además de los integrantes de este grupo aparecen los agentes de otro que investiga la pedofília. El jefe es Ragnar Hellberg, joven comisario de carrera meteórica, apodado por todos “Ragnar el Verbenero”. Sara Svenhagen ronda la treintena, su belleza quita el hipo, con una melena rubia que brilla igual que el oro y que cae como una cascada sobre los tirantes del minúsculo top negro, que con tanta delicadeza rozaban su piel dorada y ligeramente pecosa. Se rapa el pelo al uno. Y también se enamora perdidamente. Y el comisario Ragnar Hellberg, siempre corriendo, acaba de competir en el Maratón de Estocolmo, muy delgado aunque se zampa cuatro hojaldres al día.

Me ha gustado mucho mucho “Hasta la cima de la montaña”, aunque no es una novela fácil de leer. Tiene muchos personajes y una investigación muy compleja. Bueno, una investigación no, como mínimo dos. Y entre otras cosas es una denuncia clara contra la pedofília. Podemos ver que lo que parece una simple investigación sobre el asesinato de un hincha de fútbol se convierte en algo de mucha mayor envergadura. Creo que conviene leer este párrafo, aunque es un pelín largo, que aparece en la novela entre las páginas 281 y 282:

“Empezaba a contagiarse de ese virus conspiratorio que de vez en cuando infesta a todos los hackers. La mayoría pensaba que la conspiración venía del gobierno de Estados Unidos, que ocultaba ovnis en cuevas secretas y que producía el virus del sida en laboratorios para después probarlo en África. Otros seguían creyendo en el comunismo y la teoría del dominó. A ella se le había metido en la cabeza -y eso ya era señal de que debía empezar a tener cuidado- que eran precisamente esas teorías las que conformaban la propia conspiración, porque la gran conspiración no consistía, claro está, en una élite que lo gobernaba todo desde alguna especie de cuartel general, como en una novela negra barata, sino que se trataba de una ideología invisible. Sobraban los guardias fronterizos físicos porque lo que se pretendía era una interiorización de la ideología, asegurarse de que el ideólogo pudiera actuar libremente dentro de las cabezas de la gente. El siglo XX era el siglo de la democracia, pero también el siglo en el que, de forma más perseverante que en ningún otro, se combatía la democracia. sobre todo desde dentro. ¿Cómo conseguían -y ellos eran por supuesto el mercado, la ideología más grande y realmente la única de la contemporaneidad, un sistema de pensamiento uniforme y absolutamente inflexible que se basaba en la maximización del beneficio y en nada más que eso- hacerle creer a la gente que tenía el poder al mismo tiempo que se le despojaba del mismo?  Pues impidiendo que pensaran, naturalmente. Toda estrategia de marketin persigue que la gente deje de pensar para que, en su lugar, se centre en unas bien estudiadas imágenes idealizadas, es decir, se trata de vender una imagen. ¿Qué más? Una masiva acumulación de entretenimiento televisivo descerebrado que hacia que todos los adolescentes soñaran con ser presentadores de televisión; una fijación con los famosos; pornografía; histeria deportiva; pensamiento étnico; la obligación de dedicar tiempo a realizar elecciones absurdas, desde la empresa para la recogida de basuras hasta el suministrador de electricidad; la limitación de cualquier pensamiento económico a la propia cartera, que cada vez confluía más con las cotizaciones bursátiles; así como el determinismo biológico…”  

Lo dicho, una novela muy negra y muy recomendable.

Arne Dahl, seudónimo de Jan Lennart Arnald, nace el 11 de enero de 1963. Es escritor y crítico literario. Es doctor en Teoría de la Literatura. Tiene escritas once novelas con el “Grupo A” como protagonistas. En España sólo se han publicado tres de ellas. Entre otros premios ha ganado el Palle Rosenkrantz en 2004 (Dinmarca), el Silverpocket en 2005 (Suecia) y dos veces el Deuitscher Krimi Preis (Alemania) Y más recientemente el Radio Bremen Crime Fiction Award 2010 y la nominación al Premio Europeo de Literatura Negra (2010). Además, se ha rodado una serie de televisión y está en marcha el rodaje de una película para la gran pantalla sobre el Grupo A.         

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