La búsqueda del tesoro

El comisario Montalbano es el protagonista de la novela “La búsqueda del tesoro”, del autor siciliano Andrea Camilleri.

En esta entrega, nuestro sabueso tiene cincuenta y siete años. Piensa que se está haciendo más vulnerable. Sigue discutiendo por teléfono con su amante Livia, que vive en Boccadasse. Mantiene la costumbre de tomarse varias tazas de café para desayunar. Para no variar, come en la trattoria de Enzo. Por ejemplo, unos espaguetis con almejas finas y cinco salmonetes de roca, y en otra ocasión un plato de involtini de pez espada. Y la señora Adelina, que le sigue preparando unas extraordinarias berenjenas a la parmesana, unos grandes hinojos cortados y limpios; o una fuente de pasta ´ncasciata. Y por si fuera poco, el mismo Montalbano se compra cuatro unidades de cuddriruni, y ocho arancini del tamaño de una naranja. Y como todo no es comer, se compra la novela “El presidente“, de Simenon.

Acompañan a Montalbano, como en las anteriores novelas:

Mimi Agüello, Gallo, Galluzo, Catarella, Fazio, Pippo Ragonese, el doctor Pasquano, Vanni Arquá, el fiscal Tommaseo, Ingrid, su amiga sueca y, en esta ocasión, el doctor Seminara, de la policía de Montelusa.

Me ha gustado “La búsqueda del tesoro”, en la línea de las quince anteriores de Camilleri/Montalbano. Será porque vamos madurando o haciéndonos viejos a la vez. Socarronería, humor, intuición, gastronomía y un gran investigador. Y denuncia. En la página veintisiete:

– ¿Alguna novedad más?

– Calma chicha. ¿Sabe que Catarella tiene una teoría al respecto?

– ¿Al respecto de qué?

– De que, por ejemplo, haya menos robos.

– ¿Y cómo se explica?

– Dice que los ladrones, los nuestros, los que roban en las casas de la pobre gente o los bolsos de las mujeres, están avergonzados.

– ¿De qué?

– De sus colegas más importantes. De los industriales que llevan a la quiebra a la empresa después de haber hecho que desaparezca el dinero de los ahorradores, de los bancos que encuentran la manera de joder a los clientes, de las grandes empresas que roban el dinero público. Mientras que ellos, los pobrecillos, tienen que conformarse con diez euros, un televisor roto, un ordenador que no funciona…. Se sienten avergonzados y se les pasan las ganas.

En el momento de escribir esta entrada ya está en nuestras librerías la decimoséptima novela de esta saga, “La sonrisa de Angélica“.    

  

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