El huevo de oro

El comisario veneciano Guido Brunetti, es el protagonista de la vigésima segunda novela de esta saga, ver anteriores entradas en este mismo blog, de la escritora estadounidense, aunque afincada en Italia, Donna Leon.

En esta nueva entrega todo sigue igual que en las anteriores. Brunetti sigue con su mujer Paola, siempre tan reflexiva e intelectual. Y con sus hijos, Raffi, con su novia Sara, y Chiara. Guido compra Il Gazzetino; y se acuesta con Lucrecio. Todavía no termina de llegar el otoño y se toma un Aperol frio con hielo. Y con Vianello, su mano derecha en la comisaria, un vino blanco. Le gusta los tramezzinos de atún y alcachofa. Y mirar en internet las páginas digitales de “Il Fatto Quotiano“, un periódico que a menudo lo deleitaba con su manifiesta desconfianza hacia todos y cada uno de los partidos, los políticos y los lideres religiosos.

Acompañan a nuestro comisario:

Su jefe, el vicequestore Giuseppe Patta, como siempre impecablemente vestido con un traje gris de cachemira, de corte tan exquisito que, de haber conocido el destino final de su lana, decenas de cabras de Cachemira, poco comunes y en peligro de extinción, hubieran luchado por que las esquilasen a ellas primero. Con camisa de algodón de un blanco cegador, que refleja la luz sobre su rostro aún bronceado.

La secretaria, signorina Elettra Zorzi.

El sargento Vianello que está planificando sus vacaciones.

Pucetti, joven agente recién incorporado a esta comisaría. Tiene la asombrosa cualidad -rara para un hombre tan joven- de hacer que la gente confiara en él. Su novia es una chica rusa, que es matemática.

Rizzardi, el forense.

Foa, conductor de la lancha de la policía.

Y Claudia Griffoni, la más reciente de los commissari, napolitana, rubia de ojos claros, que viste una falda de lana de color verde oscuro, que deja a la vista parte de sus elegantes piernas; y un jersey largo de cuello alto de color beige.

La saga de novelas de Donna Leon y su comisario Brunetti no suelen ser historias muy violentas, sino más bien todo lo contrario. En esta ocasión, con “El huevo de oro“, podemos decir  que casi no pasa nada durante todo el libro. Trata de una tranquila investigación sobre un joven con minusvalías psíquicas que ha muerto supuestamente suicidándose. Pero no hay más muertos, ni heridos, ni peleas, ni disparos….. Eso si, hay que reconocer que esta novela está escrita con una fina ironia y un humor inteligente. Y con una clara crítica a los políticos que gobiernan la Italia actual. En resumen, un paseo tranquilo por la bellísima Venecia, acompañados de la mano de uno de nuestros sabuesos favoritos, el comisario Guido Brunetti.

Conoce las novelas de Brunetti en http://www.donnaleon.es

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