El honor es una mortaja

El inspector Corominas es el principal protagonista de la novela “El honor es una mortaja” (2013), del autor barcelonés Carlos Bassas.

El inspector de la Policía Nacional Herodoto Corominas es un tipo grande de ojos pequeños. Sus facciones son de boxeador al que no han tocado mucho, y su boca grande y mullida. En más de una ocasión, su mujer le provoca diciéndole que posee este tipo de belleza agreste a lo Javier Bardem. Casado con Laura, tienen un hijo, Alvaro, que ayuda a su padre a bucear en Internet. Tiene mucho calor, suele llevar la americana doblada en el brazo, y círculos de sudor aparecen bajo sus axilas. A Hero, como le llama su subinspector, no le gustan los perros, es más de gatos. Cuando está interrogando utiliza un pequeño bloc y un boli Bic. Conduce un Volkswagen. Recuerda a Hammett, Chandler y Carver. Come un excelente cordero al chilindrón en un bar del pueblo.

Otros personajes:

Carlos Agüero es el subinspector que acompaña en esta investigación a Corominas. De treinta y tantos años, impecablemente vestido y bien peinado. Los más veteranos le apodaban Martini por su afición a los trajes y a las Wayfarer. Llaman la atención sus vehementes ojos azules, en las raras ocasiones en que se quita las gafas. Agüero se cuida mucho a la hora de comer. El café del desayuno lo toma descafeinado.

Pujades es detective privado, ex policía, tiene el despacho en su propio piso, muy concienzudo trabajando. Le gusta el “Jotabe”.

Samuel Álvarez trabaja en una agencia de seguros. Su mujer y su hijo fueron asesinados en el atraco a un banco. Se ha comprado un revólver Llama Martial del 38 de cuatro pulgadas.

Julián Martínez es médico forense. Cincuentón, entradas y rasgos marcados, en especial dos profundas regueras que le conectan la nariz y la boca -surcos nasogenianos, hubiera especificado él- lo que le confería cierto aire de títere.

Vázquez es otro subinspector, un policía a la vieja usanza, de lenguaje racista y machista, perseverante en su trabajo aunque a veces mete la gamba. Se lleva mal con Agüero, y mejor con el otro dinosaurio de la comisaría, el inspector Corominas.

Bogdan Monteanu, alias “Tepes” es un jefe de la mafia.

Silva y Chamorro son dos agentes que realizan un servicio de vigilancia – en un claro guiño a Lorenzo Silva y su sargento Chamorro -.

Me ha gustado esta novela. Una clásica historia policíaca. Asesinatos y su correspondiente investigación. Ágil y concisa, va directamente al grano. Con policías veteranos y otros más jóvenes y modernos, pero todos intentando hacer su trabajo lo mejor posible. El libro narra principalmente la historia de una venganza llevada a cabo sin importar a su ejecutor lo que pueda pasarle. Recomendable.

Carlos Bassas del Rey nace en Barcelona en 1974. Doctorado en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra. Ha escrito documentales, cortos y largometrajes, videoclips y spots publicitarios para empresas nacionales y multinacionales. Imparte clases en la Escuela de Imagen y Sonido de la Universidad Pública de Navarra. Con “El honor es una mortaja” ganó el VII Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona. En el 2012 publicó Aki y el misterio de los cerezos, una novela sobre el honor, samurais y tradiciones y culturas japonesas, un mundo muy estudiado y admirado por su autor. 

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