Vías muertas

El inspector Pérez Jiménez es el protagonista de la novela “Vías muertas” (2013), de la autora vizcaína Susana López.

Argimiro Pérez Jiménez nació en León. Su primer destino como policía fue en Albacete. Después paso unos años en Bilbao, donde estuvo a punto de sufrir un atentado. Ahora está destinado en Segovia. Su mujer, Marisa Barros, conocida en el barrio como “La Sabrina“, por el extraordinario parecido en todos sus atributos con una efímera cantante italiana, le ha abandonado por un agente de seguros. Antes le había regalado un chándal del Real Madrid. Además de quedarse solo, durante una galerna un tronco gordísimo le cae encima a su Renault Megane, dejándolo para el desguace. Y por si fuera poco, un director del banco donde metía sus ahorros le estafa y Argimiro se queda a dos velas. Ahora, más tranquilo, empieza a conocer Segovia. Ha alquilado un pequeño apartamento en el casco histórico, en una calle cercana a la Plaza Mayor. Nuestro inspector mide 1,80. Fuma Fortuna. Padece almorranas. Lee el Marca y, últimamente, a Stephen King. Ahora tiene un elegante Seat León, en el que escucha “Tulsa Time” de Eric Clapton. Tiene ocasión de volver a ver una película que en su momento le gustó mucho, la alemana “Bagdad Cafe“. Tiene un recuerdo agridulce de su padre, Felipe, socialista y militante del Partido Comunista en su época más radical, pero que a nivel familiar dejaba mucho que desear.

Otros personajes:

García es un agente de la brigada, pequeño, calvo y regordete, feo y ordinario, siempre vestido de uniforme, inmaculado, aromatizado de colonia barata, piel resplandeciente y estirada a consecuencia de su gordura, ojos diminutos y brillantes, pelo grasiento y olor a sobaco, pero, eso sí, de mente ágil.

Fuentes es otro poli de la misma comisaría. Demasiado guapo, tiene 26 años. En comisaría le llaman el yogurcito, apenas le crece la barba y tiene una mirada angelical. Silencioso, educado en las maneras, devoto de María…, creyente hasta el punto de que es Dios quien da sentido a su vida. No fuma, no bebe, no se le conoce ligue alguno. Argimiro piensa que Fuentes, sea lo que sea, es una buena persona.

Gámez es el comisario, siempre queriendo quedar bien con los poderes fácticos de la provincia, Iglesia, políticos, terratenientes…

Anselmo Hoyos es periodista, titulado por la Universidad Complutense. Es natural de Quintanar de la Sierra. Cada día escribe unas columnas en el diario El Adelantado. Quiere triunfar y en sus escritos no duda en mezclar drama humano, intriga y esoterismo. Lleva puestas unas gafas de pasta pasadas de moda, el pelo oscuro y grasiento, con algo de caspa, marcas de acné, cejas pobladas y desordenadas y una nuez enorme.

Remedios es la sobrinísima del comisario. Es muy fea, vegetariana, becaria, estudia un Máster en criminología. Reme se ha puesto unos vaqueros con la cintura tan alta que casi le rozan las tetas, y una camisa cerrada en el cuello con un ridículo lazo.

Alfredo Carvajal de Pastrana es nieto de un prominente abogado, veintitantos años, camisa de Ralph Lauren de rayas blancas y marrones, pantalones Burberry, cazadora inglesa, zapatos náuticos marca Geox. Parece sacado de un cartel de Nuevas Generaciones del PP.

Y Lebrija, otro agente. Es anodino, nada bien definido, ni rubio ni moreno, ni alto ni bajo, ni guapo ni feo. Parece salido de algún molde de reproducciones de seres similares traídos al mundo para hacer bulto.

Me ha gustado mucho “Vías muertas”, una novela negra de provincias. Transcurre la mayor parte en una población ficticia, Ribajo, en la provincia de Segovia. Dos mujeres han sido tiroteadas al bajar del tren en la estación de ese pueblo. El inspector Pérez Jiménez y su brigada deberán realizar la investigación en un ambiente caciquil y paternalista, buscando los puntos de conexión entre dos víctimas que ni siquiera se conocen. Unos jóvenes de la ultraderecha, el párroco del pueblo y una monja se convierten en sospechosos. Muy buena la puesta en escena, el paisaje y las costumbres provincianas, así personajes muy bien logrados e interesantes. En resumen, una buena novela negra muy recomendable.      

Susana López (Erandio, Vizcaya, 1963), es doctora en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco. Ha escrito varios relatos breves, siendo galardonada con el premio Iparragirre por su cuento “Ausencia de madre”, y en el Certamen del Foro de la Memoria Histórica de Córdoba por “La infancia usurpada”. Ha ejercido como profesora en varias universidades españolas, por lo que gran parte de sus publicaciones son trabajos de investigación referidos al mundo de la comunicación. Con Vías muertas se adentra por primera vez en el género de la novela.

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