Oigo sirenas en la calle

El inspector de policía Sean Duffy es el principal protagonista de la novela “Oigo sirenas en la calle” (2013), del autor Adrian McKinty. Es la segunda entrega de esta saga (ver anterior entrada en este mismo blog)

El inspector Duffy tiene 32 años. Sigue viviendo en Coronation Road, en el Polígono de Viviendas Victoria. Conduce un BMW. El Sun le parece un buen periódico para leer en el retrete. Suele vestir con un polo negro, vaqueros y botas Dr. Martens. Tiene un Zippo. Fuma Marlboro. Compra para comer en casa una caja de cereales, una botella de tequila y sopa de tomate Heinz. Invita a sus muchachos de la comisaría a almorzar en el pub empanada de carne y riñones; y una pinta de negra. El sábado por la noche, en su casa, se fuma un porro. Generalmente, procedente de algún alijo de hachís turco liberado del armario de pruebas antes de que le pegaran fuego. Le gusta mucho el vodka con zumo de lima. Se pone a leer “Cien años de soledad“. Escucha a The Undertones, y “For Your Pleasure” de Roxy Music.

Otros personajes:

Mc Crabban “Crabbie”, agente compañero de Sean, viste una camisa amarilla con una corbata verde estampada. Está viendo la serie “Dallas“.

Matty, de la misma brigada, forense, calza unas deportivas Nike caras, y unos vaqueros blancos estrechos. Fuma Benson & Hedges.

Brennan es el inspector jefe, un hombre grande, caótico, con una tendencia gritar frases a lo Willy Loman.

Burke, se ocupa del mostrador de la comisaria, con bigote hacia abajo.

McCallister es otro sargento inspector.

Tony McIlroy es inspector jefe.

Jack Hermon, jefe superior de policía.

Y la señora Clemens, que es bibliotecaria. Va a cumplir 75 años. Ha perdido un ojo por culpa del cáncer y lleva un parche en vez de un ojo de cristal, lo que de le da un cierto aire de pirata. Tiene acidez de estómago. Se conoce los fondos de la biblioteca de arriba abajo.

Me ha gustado mucho esta novela, en la tónica de la anterior “Cold Cold Ground”. Se desarrolla en el año 1982, en Belfast, Irlanda del Norte. Atentados, unos tras otro, del IRA, de los paramilitares, de los unionistas. Y Argentina invade las Malvinas. Nuestro sabueso, el inspector Sean Duffy, a pesar de que no pasa por su mejor momento sentimental, y de que se está recuperando de las consecuencias de su anterior investigación, se tiene que hacer cargo de un nuevo caso de asesinato. Un torso humano aparece en una maleta abandonada. Ha estado congelado, lo que impide saber con precisión cuándo murió la víctima. Un tatuaje incompleto y una vieja cicatriz de metralla son lo único que lo puede identificar. Tráfico de armas y drogas. En resumen, un cóctel muy explosivo, y para mí, muy recomendable.

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