Juego de espejos

El comisario Montalbano es el protagonista de la novela “Juego de espejos” (2011), decimoctava novela del escritor Andrea Camilleri con su mismo sabueso como protagonista.

En esta ocasión, como en anteriores entregas, comienza con Montalbano soñando. Sueña que se le va la perola, que se ha vuelto loco y que le ponen una camisa de fuerza.

Sigue yendo a comer a la trattoria de Enzo, los Antipasti variados, espaguetis con sepia en su tinta, degustación de pasta con almejas y salmonetes de roca fritos. Fuma y se da un paseo después de comer para hacer mejor la digestión. Se sienta en una roca al final del muelle y charla con un cangrejo. Y cómo no, los platos que le prepara la señora Adelina, en esta ocasión unos exquisitos arancini.

En un momento determinado Montalbano menciona “La vida es sueño” de Calderón de la Barca. Nuestro comisario está a punto de enamorarse de una mujer despampanante, pero sigue hablando por teléfono con su amante de siempre, Livia.

Catarella sigue en la centralita. Y Fazio. Y Gallo. Y Domenico Augello, el subcomisario “Mimi”, que aunque casado con Beba sigue ligando mucho. Y Aloisi, de Narcóticos. Pippo Ragonese, periodista de Televigata, que no le gusta nada Montalbano y viceversa. Tommaseo, el fiscal, que es un auténtico maníaco sexual. Y Nicolò Zito, director del telediario de Retelibera, y buen amigo de nuestro Salvo.

Me lo he pasado muy bien leyendo este “Juego de espejos”, donde Camilleri rememora la magistral escena de los espejos de “La dama de Shanghai” de Orson Welles, en la que sólo una de las imágenes es la auténtica. Algunos pensarán que es igual que todas las anteriores y puede que tengan razón. Pero si las anteriores me gustaron, esta también. Aunque se va haciendo mayor nuestro Montalbano sigue teniendo una finísima intuición, y un irreverente sentido del humor. Lo dicho, muy muy recomendable.

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