El vuelo del cormorán

El policía foral Abel Marín es el protagonista de la novela El vuelo del cormorán (2015), del escritor navarro Juan Carlos Berrio Zaratiegi.

Abel es inspector de la Policía Foral en Pamplona. Tiene 48 años. La arquitectura es su profesión frustada. Lameche, una amiga yonqui, pasa temporadas viviendo en su casa. Abel suele llevar en el coche sintonizada Radio Clásica. Por ejemplo, los acordes de piano de Bartomeu Jaume tocando una suite de Fernando Remacha. En los días malos cambia el dial a Radio Tropical. En el cajón de la mesa de su despacho tiene una botella de “Balvenie”. Para subrayar informes utiliza un lápiz de dos colores, rojo en un extremo y azul en el otro. Le gusta comer en “Casa Teré” de Campanas o en el Askartza, en lo viejo de Pamplona. En cierta ocasión se bebe una cerveza en el Txinparta de La Morea. Su pistola reglamentaria es de fabricación checa, marca Brno, modelo CZ75B, calibre 9 parabellum, con un cargador para 16 cartuchos. Es forofo del Barça.

Otros personajes:

Susana es agente del Servicio de Documentación de la misma policía foral. Para Abel es imprescindible y única. Durante la investigación que lleva adelante se convierte en su auténtica mano derecha. Una mujer cercana a la cuarentena, con el pelo castaño recogido con una coleta por detrás, ojos marrones, 1,60 de estatura, menuda de cuerpo. Viste con pulcritud clásica. Suele llevar una bandolera beige de mediano tamaño.

Vázquez es un agente foral. Fuma un cigarrillo detrás de otro.

Blanco es subcomisario. Ni alto ni bajo, algo fondón, de pelo entrecano y ojos oscuros y acuosos. De unos 50 años, usa gafas para leer. Viste un polo “Lacoste” de color rosa y una americana jaspeada con coderas marrones…y no le gusta nada a Abel.

Goñi es el sargento armero. Trata a las personas y a las armas con el mismo celo y la misma ternura.

Natalia Letchkova es una empleada gancho de una empresa de relaciones públicas. Casada. De 46 años. Residente legal en el Estado español desde hacía una década. Nacida en Moscú de padre bulgaro.

Fernando Santos es jefe de una empresa de seguridad. De cincuenta y pocos años. Delgado y de color cetrino, con largos brazos y piernas. Lo ojos grises, pequeños y medio cerrados, le dan un aire de ave de presa.

Albar Pizarro es un matón a sueldo.

Y la red “Taula de Trepucó“, una organización extraoficial y clandestina compuesta por cuatro especialistas en informática que trabajan en las policías de Sabadell, A Coruña, Granada y Pamplona. Se conocieron en Menorca es un curso obligatorio para técnicos informáticos adscritos a estamentos administrativos diversos.

Me ha gustado El vuelo del cormorán. Una novela negra y de denuncia a la vez. A finales del año 2007 grandes obras se están acometiendo por toda Navarra. Entre otras, el pantano de Itoiz y la tercera fase del Canal de Navarra. Empresarios relacionados, y en algunos casos emparentados, con el Gobierno foral se lo están llevando a espuertas y han contratado a una empresa de lavado de imagen. El inspector de los forales, Abel Marín, tiene que intervenir cuando se denuncia la muerte de un hombre en la zona residencial de Sarriguren, en la cuenca de Pamplona. Parece que ha sido un suicidio pero …

Juan Carlos Berrio nace en Tafalla, Navarra, en el año 1959. Es psicólogo de profesión. Lleva más de 20 años trabajando en el Centro Terapéutico Ibarre, que está dedicado al tratamiento de personas drogodependientes. En colaboración con sus compañeros publicó el informe Prensa navarra y drogas (Altaffaylla, 1997). Como integrante de “Altaffaylla Kultura Taldea, formó parte del equipo coordinador de la obra Navarra 1936. De la esperanza al terror (1986). Es autor, entre otras obras de la antología Roque Dalton (1995), de los ensayos Bálsamos y venenos. La droga como engaño (2000) en ambos casos publicadas por Txalaparta, y Entre Alaitz y las Bardenas (Altaffaylla 2004).

Podcast de la entrevista a Juan Carlos Berrio, en el programa de eitb “Iflandia” del 11/02/2016.

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