La costilla de Adán

El subjefe Rocco Schiavone es el protagonista de la novela La costilla de Adán (2014), del autor romano Antonio Manzini. Es su segunda novela de esta saga. La primera, Pista negra (2013), fue reseñada en este mismo blog.

Rocco sigue en Aosta, donde ha sido trasladado desde Roma. Nada más levantarse se toma una cápsula de expreso de máquina. Viste pantalones de pana marrón, camiseta interior de algodón por dentro y lana por fuera, calcetines de mezcla de lana, camisa de franela a cuadros, jersey fino de cachemira con cuello de pico, chaqueta de pana verde y sus inseparables Clarks y, un poco antes de salir, se pone  su inseparable loden. Desayuna en el bar de la plaza y, al sentarse en el escritorio de su despacho, se lía el canuto de la mañana. Está saliendo con Nora, una mujer de 43 años, aunque ambos tienen claro que solo es un intercambio de fluidos corporales. En el recuerdo de Rocco está siempre su ex, María, que falleció de cáncer. Sigue siendo seguidor del Roma. Conduce un Volvo XC60. Intenta leer un libro de cuentos de Chéjov pero se duerme.

Rocco tiene catalogados, en grados, los incordios o tocadas de cojones de la vida.

Del sexto para arriba: los niños que gritan en los restaurantes, en las piscinas, en las tiendas, en general los niños que gritan. Le siguen las llamadas de teléfono que ofrecen contratos integrales e increíbles para luz-agua-gas-móvil; el edredón que se sale del colchón y te deja los pies al aire en una fría noche de invierno y las “apericenas”.

En el séptimo grado están los restaurantes con servicio lento, los entendidos en vino, y el compañero que ha comido ajo la noche anterior.

En el octavo, los espectáculos que duran más de una hora y cuarto, hacer o recibir regalos, las maquinitas de póquer electrónico y Radio María.

En el noveno, las invitaciones a bodas, bautizos, comuniones o cualquier tipo de fiesta; los maridos que se quejan de sus mujeres y las mujeres que se quejan de sus maridos.

Y en el décimo grado, en lo alto del podio de las tocadas de cojones, en la cúspide de lo que esta vida de mierda podía endilgarle para fastidiarle el día estaba el rey absoluto: un caso de homicidio al canto.

Me ha gustado La costilla de Adán, en la línea de la anterior Pista negra. Un potente personaje, el subjefe Rocco Schiavone, con su dosis de humor y de mal humor, con mucha ironía, desasosiego y humanidad a raudales. En esta ocasión tiene que investigar lo que parece ser un suicidio, cuando una mujer es hallada muerta en su casa. Destacar también sus cuestionables metodos, que en algunas ocasiones rozan la ilegalidad, como cuando se entera de malos tratos a jóvenes que se están sucediendo con total impunidad en su anhelada Roma.   

Lo dicho, novela recomendable de este autor, Antonio Manzini (Roma, 1964), que además de escritor es actor, director de cine y teatro.

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