Un cadáver en Port du Bélon

Un cadáver en Port du Bélon

egr51365El comisario Dupin es el protagonista de la novela Un cadáver en Port du Bélon (2015), del autor alemán Jean-Luc Bannalec. Es la cuarta entrega de esta saga, ver anteriores entradas de este mismo blog.

Georges Dupin ya lleva cinco años como comisario de la policía de Concarneau, en la Bretaña francesa. Le gusta ir a ver los pingüinos al Océanopolis de Brest. Es un apasionado de estos animales. Desde hace apenas un mes tiene un smartphone, que casi le ha obligado a comprarse su secretaria Nolwenn. Conduce un viejo Citroën XM. Es admirador de la actriz Sophie Bandol. Sigue comprando bolígrafos BIC a mogollón, que después poco a poco va perdiendo. Le gusta vestir polos azules. Siempre con su Clairefontaine, a punto de escribrir palabras que solo él reconoce. Sigue con su novia Claire, cardióloga,  que vive en París, y que le tiene preparada una sorpresa.

Otros personajes:

Nolwenn es la secretaria de la gendarmería. Es muy buena haciendo su trabajo. Es una defensora a ultranza todo lo que suene a Bretaña, su historia, sus costumbres, su gastronomía…

Labat es uno de los inspectores del grupo de Dupin. Tiene estilo militar. Se acaba de comprar una chaqueta roja. Gracianne es su mujer, una fornida profesora de lucha libre.

Le Ber es el otro inspector. Está a punto de ser padre. Acude al seminario “Idiomas y culturas bretones”, del Centro de Investigaciones Bretonas y Celtas de la Universidad de Brestjeanluc-bannalec-541.

René Salou es forense. Según Dupin es el “míster universo” de la ciencia forense.

Magalie Melen es una joven y buena policía de Port du Bélon. Coleta rubia y brillantes ojos verdes.

Brioc L´Helgonalc´h es agente de la comisaría de Sizun. Un auténtico rastreador de pruebas.

Gerard Guenneugnes es el prefecto. Dupin piensa que es un hombre de carácter insoportable, que además tiene un apellido impronunciable.

Me ha gustado Un cadáver en Port du Bélon. En la línea de las tres anteriores novelas de Bannalec y su comisario Dupin. Novela negra sin violencia extrema, pero con una larga y sinuosa investigación. En todo momento presente la Bretaña bretonante, su cultura, sus raíces, sus paisajes, los druidas y sus ostras que casi casi se comen por prescripción médica.

En un momento determinado el inspector Le Ber dice a su comisario Dupin:

“-Para comer ostras, hay que cerrar los ojos. Es cuestión de oler, paladear, sentir el agua, el sitio. ¡Solo a los mentecatos se les puede ocurrir lavar las ostras! -Con estas palabras, su rostro expresó una mezcla de horror y consternación-. Hay que masticarlas lentamente y captar su sabor con todos los sentidos. Quienes lo hacen de verdad no usan sazonadores adicionales como el limón, la pimienta o una vinagreta. El agua es sabrosa por sí misma. Otra mala costumbre es comer las ostras bien frías. Eso altera su sabor. Cuando mejor saben es a una temperatura de entre ocho y doce grados, como el vino “muscadet” joven y algo espumoso,  con su sabor mineral y los aromas a manzana y limón, con el que se acostumbra acompañar el plato.”

Lo dicho, lectura muy recomendable, que además de seguir su enrevesada investigación, hará las delicias de los amantes de Bretaña, y en este caso más en particular, de las ostras y sus curiosidades.


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