La caricia de la bestia

cariciaLa inspectora de policía Laura Tébar es la principal protagonista de la novela La caricia de la bestia (2017), de la autora orensana Cristina C. Pombo.

Tébar es inspectora de policía local de Grazalema, municipio de la provincia de Cádiz. Tiene 55 años, brillante, solitaria, con un carácter temible. Está divorciada de Javier. Tiene una relación especial y sexual con Joao, treinta años más joven que ella. Conduce un Skoda Octavia. Todas las mañanas se bebe un zumo de limón, sin agua y sin azúcar. Escucha a Queen mientras hace running. En casa entrena con unos youtubers, viendo vídeos que combinan una especie de estilo libre de artes marciales con el Yoga, que le ha recomendado su amigo Adrián. Lía pitillos pero no se los fuma, lo dejó hace siete años.

Laura tiene muchos libros en su casa. Acaba de leerse el primero de Harry Potter,  aunque su libro favorito es “El mundo después del cumpleaños”, de Lionel Shriver, que relee de vez en cuando. No tiene WhatsApp, pero sí dos perfiles abiertos en Facebook. En casa se prepara una ensalada de legumbres y un puré de patatas. Tébar está perdiendo vista de cerca. Le gusta su flequillo. Piensa que gracias a su genética y a un continuo entrenamiento, su bonito culo está libre de celulitis, razonablemente en su sitio y apeteciblemente terso. Desde que está con su nuevo compañero en la brigada, el subinspector Merino, al que ella llama perroflauta, se ha aficionado a ver la serie The Walking Dead.

Otros personajes:

David Merino, subinspector, también conocido como “el Cons”. Recién llegado a Grazalema. Tiene unos 30 años. De Mundaka. Joven, inexperto, intuitivo, motivado. Licenciado en Psicología. Lleva el pelo a lo jarrai terminado con una rasta en la nuca, forro polar y pantalones y botas de montaña. Le gusta escalar. Al trabajo suele ir en bici de montaña. Se suele fumar pequeños canutos de “maría”. Ha leído “La rama dorada”, de James George Frazer. Toma un gazpacho en el Bar Peña Albarracín, de El Bosque. Piensa de su jefa, Tébar, que es una “odiapavos”Cristina-C.-Pom

Elena Diéguez, subinspectora, de 35 años, está de baja. Ha trabajado con Tébar, son amigas, y ahora está en proceso de divorcio.

Oscar Méndez, inspector jefe. Tiene 54 años. Se hizo poli para imitar a Starsky & Hutch. Le gustan el poder y el dinero. Es un gilipollas de campeonato. Suele masajearse el puente de la nariz.

Manuel de Guevara, comisario. Tiene más de 60 años, aunque su complexión y sus movimientos son de una persona mucho más joven. Con abundante pelo, completamente blanco y cortado a cepillo, ojos muy azules surcados de arrugas y sonrisa blanca, poderosa y un poco canalla.

Los Ramírez, el rubio y el moreno, uno médico forense y otro juez.

Ramos y Vázquez, de extranjería y fronteras. El primero bajo y rechoncho; el segundo alto y delgado.

Comentario:

Me ha gustado La caricia de la bestia. Transcurre en la sierra de Cádiz, más concretamente en la población de Grazalema. Novela negra de tinte clásico y a la vez con cierta originalidad. Todo comienza cuando unos policías investigan el ataque a dos adolescentes, por lo que parece ser una fuerza sobrenatural, algo parecido a un zombi. No obstante, la trama va creciendo sin parar. Han desaparecido jóvenes en los alrededores. Algunos miembros de las fuerzas del orden público corruptos, colaboran con una extraña organización. Recuerdan el caso de las niñas de Alcásser. También resulta muy interesante en esta narración el duelo que mantienen los dos personajes protagonistas, la inspectora Tébar, veterana, brillante y solitaria; y el joven subinspector Merino, bisoño pero intuitivo. Lo dicho, lectura negra muy recomendable.

Cristina C. Pombo, Ourense, 1977. Ha estudiado música, filología y arte dramático. Trabajó en varios ámbitos, entre otros como guionista de televisión. Colabora con sus artículos en medios como La Región o Pikara Magazine. La caricia de la bestia es su primera novela.


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