Curvas Peligrosas

Las subinspectoras Rebeca Santana y Miriam Vázquez son las principales protagonistas de la novela “Curvas Peligrosas” (2010), de la escritora Susana Hernández. Ver anterior entrada de este mismo blog.

Santana apenas lleva tres semanas en el cuerpo. Forma parte de la Brigada de Homicidios y Desaparecidos. Viste vaqueros oscuros con sello de hipermercado, zapatos de cordones, jersey de lana a tres colores, hecho a mano con más voluntad que maña; y un abrigo de piel girada pasable con piel de borrego en el cuello y los puños. En otra ocasión lleva una sudadera de capucha negra, encima de una camiseta de la Velvet Underground con el famoso plátano de Warhol, tejanos rotos y unas Converse de color caqui. Conduce una Harley-Davidson. Vive en el Raval con Claudia, aunque esta relación está empezando a hacer aguas. Desayuna cafés con ensaimadas. En el Gino´s come unas patatas con salmón y en la Barceloneta una paella. Ve pelis antiguas con su abuelo, como por ejemplo “Guerra y Paz” de King Vidor, o “El Funeral” de Abel Ferrara. Su madre está en la cárcel por un asesinato, una triste y desgraciada historia que ocurrió hace algunos años. Santana se lleva muy mal con su madre. Su vida sentimental está a punto de dar un vuelco cuando conoce a la abogada Malena Montero.

Vázquez es todo lo contrario que Santana. Veterana policía, lleva más de veinte años en el cuerpo. Separada de Marcos, vive con su hija Vero, una joven problemática que está enamorada de un hombre casado. La Vázquez fuma mucho; es adicta a la alta costura y se ha ganado el sobrenombre de “La Marquesa”. Tiene unos ojos verdes muy hermosos, rodeados de largas pestañas. Conduce un Lancia. Le gusta el Bourbon. De entrada no se lleva nada bien Santana, de la que piensa que es una JASP, osea Joven Aunque Sobradamente Preparada. De vez en cuando se bebe un chupito de licor de manzana. Acude a un masajista turco que la pone mucho.

Otros agentes de la misma brigada: Pinzón es el comisario, con una enorme barriga. Robles es inspector jefe, en las cenas imita a Raphael, muy delgado al borde de la anorexia. Navarro es el antiguo compañero de Miriam, un tipo la mar de agradable, moreno y apuesto, más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, se pone mucha colonia y mastica chicle constantemente, con ramalazos horteras pero vistiendo siempre impecable, con un traje gris oscuro que le sienta extraordinariamente bien.  Crespo es otro poli, al que le huele el aliento. David Bielsa, que va de ligón por la vida. Ramírez, que es toda una leyenda de la científica. Rivas, dibujante del cuerpo. Y luego está la abogada Malena Montero, que está buenísima, que viste un traje de chaqueta gris de corte impecable. Rebeca piensa que tiene doscientos polvos seguidos. Puede ser algo así como un flechazo a primera vista.

Me ha gustado mucho estas “Curvas peligrosas”. Una investigación que las subinspectoras Vázquez y Santana van desgranando poco a poco, acumulando pruebas sobre el asesinato de mujeres jóvenes, con problemas de autismo. Todo ello con secuencias de humor, sexo, amor y desamor; y con Barcelona de fondo, el Raval y sus habitantes. Muy recomendable.

Susana Hernández (Barcelona, 1969), además de novela negra, ha escrito “La casa roja” (Premi Ciutat de Sant Adriá, 2005) y “La puta que leía a Jack Kerouac” (Lesrain, 2007). En el año 2009 logró el Premio Versales de poesía lésbica. A quién le guste “Curvas peligrosas” que no deje de leer la siguiente de esta saga, “Contra las cuerdas“, que está teniendo un gran éxito y reconocimiento popular.  

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CONTRA LAS CUERDAS

Las subinspectoras de policía Rebeca Santana y Miriam Vázquez son las protagonistas de la novela “Contra las cuerdas” (2012), de la autora barcelonesa Susana Hernández.

Santana, antes de ser policía, ha sido psicóloga y criminóloga. Ronda los treinta años. Tiene alquilado un pequeño estudio en la calle Tallers, muy cerca de la plaza de Castilla. Conduce una Harley Davidson. Viste chaqueta de chándal con el anagrama de la Vespa, vaqueros rotos y botas negras de motorista. Le gusta la pizza de beicon y champiñones con crema de leche, aunque no le hace ascos a un buen bocata de lomo con queso o a una ración de bravas. Le gusta escuchar al grupo Los Planetas. Saborea el té moruno y le gusta tomarse una Heineken en el bar Punto Barcelona. Su madre, Puri García, está en la carcel cumpliendo pena por unos asesinatos que cometió en el pasado. Santana no puede olvidarse de ninguna manera de Malena, una atractiva abogada criminalista, que hasta hace poco tiempo ha sido su gran amor.

A la subinspectora Vázquez muchos la conocen por “La Marquesa”, por su forma de vestir y a veces por su forma de actuar. Alrededor de cincuenta años. Divorciada de Marcos. Vive con su hija Vero, que tiene 20 años. Tiene un rollo con Terim, su espectacular masajista turco reconvertido en amante. Trata de dejar de fumar usando un cigarrillo electrónico. Se toma varios cafés al día. Le gusta conducir rápido escuchando una opera de fondo, por ejemplo Puccini. Se le acaba de retirar la regla. Cree estar pasando por una crisis existencial. Pero hay por ahí algún antidisturbio que está dispuesto a rescatarla.

Otros personajes: El comisario Pinzón, está gordo, su mujer le prepara platos de acelga para ayudarle a adelgazar. Crespo es otro comisario, padece halitosis aunque se la está tratando. Vila es de la policía científica. Roberto Segarra es psicólogo. Rafa Navarro, ex compañero de Santana, ahora destinado en Zaragoza, está intentando curarse su adicción al alcohol. Y Yolanda Barrios, inspectora jefe temporalmente, rubia, bastante alta y robusta. En cierta ocasión, durante un cursillo, se acostó con Rebeca. Está casada con un poli de Estupefacientes, y es una auténtica trepa.    

Me ha gustado “Contra las cuerdas”, que es la segunda novela de una serie. La primera fue “Curvas Peligrosas”, de la escritora Susana Hernández, con las subinspectoras Santana y Vázquez de protagonistas. Me ha parecido una narración ágil, con todos los requisitos que tienen las novelas negras o policíacas. Policías investigando a un posible asesino en serie, sospechosos, pistas que poco a poco van conduciendo hacia los culpables…. Y también sexo y amor, mucho amor. También desamor, el que sufren nuestras protagonistas, sobre todo Rebeca, que no puede dejar de pensar en su Malena del alma. He notado una buena sintonía o feeling entre nuestras subinspectoras. Se llaman a sí mismas “Starsky y Hutch” y, tal y como acaba esta novela, seguro que no tardando mucho tendremos la tercera entrega. Muy recomendable.

Susana Hernández nace el 13 de Agosto de 1969 en Barcelona. Estudió Imagen y Sonido e Integración Social. Ha colaborado en varios medios de comunicación, ejerciendo como crítico musical o redactora de deportes. Además de estas dos novelas ha publicado “La Casa Roja” (2005), “La puta que leía a Jack Kerouac”(2007), y el libro de relatos “Enamórate”(2012) junto a otros autores. Varios de sus relatos y poemas han sido incluidos en diferentes antologías y publicaciones literarias. Ha obtenido diferentes premios como por ejemplo el I premio Poesía Lésbica Versales 2009, Finalista Premio de novela Katharsis 2009, o el I Premio Ciudad de Sant Adrià de Besos de Novela 2005. Actualmente imparte cursos literarios y colabora en distintos medios como crítica literaria y redactora.

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